EL BUEN LADRÓN

Enviado por jabarbon el Mié, 16/10/2019 - 08:55
LADRÓN

Se llamaban Gestas y Dimas y acompañaron a Cristo en la cruz.

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino». Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso»” ( Lc. Mt 23, 40-43).

Para la iglesia oficial estos dos personajes casi constituyen una anécdota; no quiere saber nada de ellos, no les pone nombre, obviando la realidad de que “esos señores de los que usted me habla” compartieron sus últimos momentos con Cristo en el Gólgota.

Hay que recurrir a las versiones apócrifas de los evangelios, como el de Nicodemo, para saber que Gestas, el mal ladrón ocupaba la cruz de la izquierda y Dimas, el buen ladrón, estaba a la derecha de Jesús; por eso en la iconografía cristiana la cabeza del Nazareno siempre aparece ligera o decididamente inclinada a la derecha, esto es, mirando hacia Dimas, el buen ladrón. Una querencia, la de mirar con buenos ojos a la derecha, que sigue teniendo la clerecía universal.

Otro dogma bastardo, el Protoevangelio de Santiago, pone en boca de José de Arimatea una declaración, referida a Dimas, en la que asegura que era galileo y tenía una posada, en la que robaba solo a los ricos. Seguramente porque para los pobres y parias de aquellas tierras —y esta es una reflexión personal—, sería inalcanzable el acceso al complejo hotelero del buen ladrón.

Gestas, sin embargo, parece que fue un chorizo callejero, que vivía dando tirones, del trile y el robo con fuerza. Un chirlero de tres al cuarto. Un pringadillo marginado social de cuchillo fácil.

Pues bien, a pesar del silencio administrativo oficial impuesto sobre ellos, como el fideismo militante se toma la historia sagrada de manera literal, ha convertido en dogma eso de colocar a los malos, mugrientos y subversivos a la izquierda del Padre y condenados al fuego eterno, mientras que su derecha la reserva para los sumisos, ordenados y buenos, sin importar que sean, a la manera que ilustra el tango, ignorantes, sabios o choros.

Los buenos ladrones suelen ser excelentes tesoreros, magníficos administradores, expertos contables, a la par que igualmente hábiles en la sisa y el escamoteo, sobre todo cuando se les confían responsabilidades en la gestión pública. La crónica reciente de los tribunales patrios está cuajada de ejemplos.

Así que como Cristo canonizó a Dimas —el primer santo del cristianismo—, en el mismísimo Gólgota, poniéndolo a la derecha del Padre, presumiblemente a la iglesia nunca le va a faltar banquillo de bienaventurados mangantes y beatíficas descuideras que suministrar a los altares, porque la cantera de buenos ladrones con pedigrí neoliberal parece inagotable, lo que en estos tiempos en que la excelencia se estimula hasta el agotamiento, para la iglesia y su inseparable droite divina, esto puede ser un paseo militar.

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