Quiero ver las estrellas

Einstein predijo que las perturbaciones gravitacionales importantes, cómo la oscilación o el colapso de estrellas de gran masa provocarían ondas, alteraciones del continuo espacio-tiempo, que se expandirían a la velocidad de la luz.

¿Mi opinión al respecto? Ni puñetera idea, qué quieres que te diga. Tal vez las perturbaciones del continuo espacio-tiempo son muy suyas y se alteran por cualquier cosa o quizá tengan motivos para la escandalera; al fin y al cabo, un colapso siempre da mal rollo y si alcanza dimensiones cósmicas no quiera usted saber.

Otra cosa es lo que afirman los relativistas del continuo, que según ellos está curvado en las proximidades de objetos masivos.

Yo en esto coincido con el contínuo, que para eso de las apreturas soy muy mío y si los objetos masivos son de invadir el espacio del prójimo no queda otra que la contorsión para evitar los roces.

Resumiendo, que no tengo el más mínimo conocimiento de ondas gravitacionales, objetos masivos o continuos cheposos y como a estas alturas ya no tiene uno la cabeza para meterse en determinados charcos —y si son galácticos mucho menos—, pues me fío de los profesionales; porque todas las cosas tienen su razón de ser y hasta los arcanos más indescifrables se pueden comprender si te los explica alguien con estudios.

Sin ir más lejos, según el físico Nikodem Poplawski, de la Universidad de Indiana, gracias a las perturbaciones gravitacionales y a las alteraciones del continuo espacio-tiempo que provocan, es posible que nuestro universo esté en el interior de un agujero de gusano, que a su vez sea parte de un agujero negro situado en un universo mucho más grande.

Por su parte, un equipo de astrofísicos de la Escuela Internacional de Estudios Avanzados (SISSA), con sede en la ciudad italiana de Trieste, publicó un artículo en 2015, en el que se apuntaba la posibilidad de que toda nuestra galaxia fuera un gigantesco agujero de gusano, un túnel “espaciotemporal”, estable y navegable,esto es, que podríamos viajar a través de él y, consecuentemente, entrar y salir de otros universos, con el entusiasmo y la soltura que hoy usamos para ir a Calahorra, a papearnos una menestra cinco estrellas Michelín.

Porque en cuanto eso sea posible, que lo será, vamos a ser legión los peregrinos del continuo ese, dispuestos a sacarnos la tarjeta de transporte intergaláctica, se pongan como se pongan de vacilones los objetos masivos, que aquí está ya todo el pescado vendido y no van a cambiar las cosas a mejor, por mucho que nos quieran entretener con trápalas o promesas de mal pagador.

Y es que sería fantástico hacer el petate, con cuatro cosas, lo justo, y hala, ahí os quedáis, líderes mundiales, jugando al “monopoli”, que es un divertimento de simulación política para simios onanistas especulativos, majaderos con cartera y analfabetos sociales, pero con derecho a escaño parlamentario.

No te digo la gozada de hacerle una peineta sideral a Trump, Putin, Bolsonaro, Salvini, Boris Jhonson, el Brexit, el FMI, la Comisión Europea, El Banco Mundial, Wall Street y al Ibex35, mientras nos teletransportamos a una galaxia muy, muy lejana, donde no haya trileros manilargos, ni estafadores con pedigrí, que nos dejen con lo puesto —en bolas—, vaya, con el desparpajo que da la impunidad y, por supuesto, sin atisbo de rubor alguno.

Anda que no sería un puntazo.

Te imaginas poder escapar a un mundo feliz, en el que los que se llenan la boca con la pureza de sangre roja y el progresismo, hicieran causa común y se alzaran para defender a los pobres de la tierra y los esclavos sin pan, en lugar de andar a la greña quitándose clientela los unos a los otros, mentándose los ministerios y oficiando de ateos con coleta, pero incapaces de disimular sus ínfulas mesiánicas.

Se me ponen los dientes largos sólo pensarlo.

Calla, calla, escucha. Mejor que unas vacaciones con pulserica de esas “topagao” en una playa del Caribe, hacerle un ahí te quedas al trío neoliberal ultramontano —los de la foto de Colón, para entendernos—, rapaces travestidos en palomas de la paz, empeñados en hacernos tragar esa rueda de molino en la que los lobos se hacen veganos, para dedicarse al pastoreo del rebaño sin caer en la tentación de la carne, repartiendo equidad, solidaridad y justicia.

No me digas que no molaría salir huyendo de semejante cofradía de trileros.

En fin, lo dicho, que me fío barbaridad de los Poplawski, los de la SISSA y demás compañeros mártires; soy muy fan, pero a ver si se meten un poco de caña con el tema y desarrollan de una puñetera vez la tecnología adecuada, para que me pueda pegar un largo y relajante garbeo por los entresijos de esa gusanera cósmica tan prometedora.

¡No veas qué ganas!

 

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