La trampa del espejismo

Alazán tostado, de pecho poderoso, imponente; con su cabezal de cuero negro, bridas, riendas, silla de filigrana y estribos plateados. Suspendido en acrobática postura sobre un balancín de madera, en un salto fantástico e interminable. Todo él sugerente y hermoso como esos caballos del carrusel, que traían los feriantes para las fiestas, trotones incansables arriba y abajo; viviendo en cada vuelta, con cada nuevo jinete, una aventura distinta.

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